Soledad, silencio y otoño

Hojas secas:

A veces una se siente superada, que no solo afronto y supero los embates de esta vida y los problemas que nos agobian, pero no es así, no del todo.

Muchas veces dije que la soledad no enseña, nos ordena. Que no siempre trae dolor. También dije que a veces la soledad pesa. Bueno, hoy me peso. Me peso tanto que mientras me preparaba el desayuno, sentada en la cocina viendo como el fuego calentaba la pava, el pan en la tostadora y mi perrita comiendo su comida, ese gran vacío se apodero de mi a tal punto de que, sin razón alguno, acompañada de una extraña sensación en el pecho me puse a llorar.

Habitualmente cuando me levanto pongo la radio, Aspen 102, y hablo sola o le hablo a mi perrita, esperando una respuesta. Hace mucho que no medito. Pero hoy, no sé, pero fue distinto. Aunque agarre el control para encender la radio y tenerlo un momento en la mano, no lo hice, lo deje de nuevo en su lugar.

Me senté en la cocina con el mate con las tostadas, con un poco de queso, solo miré por la ventana. Veía como el clima de otoño hacia caer las hojas y las pintaban de ese color tan característico y el viento las acumulaba en un sector y no conforme, las movía para otro lado. Y esas nubes, mezquinando un poco la luz del sol que da sobre mi mesa.

Creyendo que esta sensación desaparecería, como es lo habitual cuando me pongo a hacer cosas, no fue así. Hoy esperaba a mis dos personas favoritas para almorzar y al mediodía, después de preparar algunas cosas para el almuerzo me dijeron que no vendrían, esa sensación se acentuó y se instaló en esta tarde fría de otoño.

Soledad, silencio y otoño. Las hojas se acumulan como las hojas escritas de este cuaderno. Buenas tardes.

Sabrina Lorena.

  

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