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Con Ester Álvarez Guillen.
Un año de sincronía:
Cuando una persona llega
justo en el momento en que tu vida se está desarmando… no es casualidad, es
destino hablándote. Hay encuentros que parecen pequeños, casi insignificantes.
Un comentario, un mensaje, un “hola” que no debería cambiar nada pero que, sin
embargo, cambia todo.
Hace un año, un 28 de
noviembre como hoy, recibí un correo de Ester Álvarez Guillen. Yo estaba en
medio de una tormenta silenciosa, la transición interna que recién empezaba a
tomar forma, la identidad que se abría como una flor nueva después de tanto
tiempo, la separación, la casa vacía, etc… No lo sabía entonces, pero ese
mensaje iba a ser el comienzo de algo que Carl Jung llamaría sincronicidad; esas
coincidencias significativas que no buscan explicación lógica, solo
reconocimiento. Una parte de mí la estaba esperando sin saberlo. Y una parte de
ella también me necesitaba sin decirlo.
Un año después, volví a leer
nuevamente aquellos correos, sus primeras palabras, sus respuestas. Esa frase
que me escribió hace poco me encanto: “Me parece mentira que haya pasado un
año… y qué ilusión recordar el inicio de Elisa. Gracias por llegar a mi vida.” y
me hizo dar cuenta de que este año no solo fue uno de los más difíciles de mi
vida, también fue un año profundamente humano. Perdí cosas. Me desarmé. Empecé
a reconstruirme. Pero no lo hice sola.
Lo que fue y es para mí Ester,
sin dudas, esa clase de presencia que acompaña sin invadir, la que inspira sin
imponer, la que sostiene sin reemplazar nada. No vino a salvarme, ni a ordenarme
la vida, ni a decirme quién debía ser. Vino a caminar a mi lado. A escuchar lo
que yo todavía no me animaba a decir. A mostrarme que mis cambios tenían
sentido. A celebrar mis descubrimientos. A empujarme a escribir cuando yo tenía
miedo. A incluirme en su novela "Elisa y el Diario Secreto" como si me estuviera
diciendo: “vos también estás hecha para ser parte de algo hermoso.” Y
yo, sin buscarlo, fui algo para ella también. La inspiración que necesitaba. La
sincronía perfecta. Dos caminos distintos que, por un instante largo, caminaron
el mismo ritmo.
Si, un año de
transformación. Hoy, cumplir este primer aniversario de nuestra amistad
coincide con mi propio renacer, de esta mi transición interna, mi identidad como
Sabrina, el duelo por lo que se fue, la esperanza por lo que viene. Y entiendo
que hay personas que no llegan a tu vida por azar. Llegan cuando tu alma las
llama. Cuando estás lista para cambiar. Cuando necesitas un espejo limpio y un
abrazo invisible.
Gracias Ester Por tu
delicadeza. Por tu mirada tierna. Por tu escritura que también me nombra. Por caminar a mi lado en un año que podría haber sido muy oscuro… y que, en
cambio, terminó lleno de luz. Gracias por este primer año, te quiero mucho.
— Sabrina Lorena
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