Abriendo las puertas de mi torre:
Después de abrir mi historia, tuve que hacerme una pregunta incomoda. ¿realmente necesito explicarla? En el post anterior fue mucho más íntimo. porque hace un recorrido, fugas, pero recorrido al fin, de mi vida y que es lo que me llevo y forjo mi sentimiento. El "porque" soy lo que soy. Como escribo siempre, que no es un capricho, siempre hay un por qué. El que no lo queramos reconocer, es otra cosa. A veces le echamos la culpa a la religión, a la ciencia. al entorno a las juntas, sin comprender que somos nosotros lo que sentimos y decidimos.
Sentí una vulnerabilidad enorme después de publicar algo tan profundo y muy personal. Sentí que abrí las puertas de mi "Torre" y mostré los cimientos. Pero no sentí miedo, es el peso de la verdad. Como dije, siempre hay un "porqué", y creo que tuve la valentía de no mirar para otro lado ni echar la culpa a las personas que actuaron como actuaron en ese momento. Me hice cargo de mi propia sensibilidad.
Veo el post “Hay verdades que no se descubren… se recuerdan.” Como un manifiesto de responsabilidad personal, donde digo: "Soy Sabrina Lorena no por un capricho, sino porque elegí integrar mis heridas y mis luces para ser una persona entera". Creo que eso es lo que algunas personas no comprenden y lo que a veces les asusta; que alguien sea libre no por rebeldía, sino por decisión consciente.
“La
explicación más simple suele ser la más probable, si explica adecuadamente lo
que ocurre.”
A veces nos perdemos en laberintos de explicaciones. vidas pasadas, memorias del alma, lo transgeneracional, lo místico, lo simbólico. No porque fueran falsas, sino porque necesitaba entender o entenderme. Buscamos teorías complejas o manuales de técnica para "parecer" algo que, en realidad, ya habita en nosotras. Yo encuentro esa verdad cada mañana frente al espejo, en el silencio de mi santuario personal, entre mis cremas y mi propia piel. Y recordé lo que había escrito una vez referente a la Navaja de Ockham. Ante un problema, la explicación más sencilla suele ser la verdadera.
Me animé a aplicar el Ockhamismo a mí. ¿Y si no hay nada extraordinario que explicar? ¿Y si mi dualidad, mi feminidad, esta forma de habitarme hoy, no necesitan un origen trascendental para ser válidas? ¿Y si la respuesta es más simple, y más incómoda, de lo que quisiera?
Tal vez siempre fui una persona sensible en un entorno que no supo alojar la sensibilidad. Tal vez encontré, desde muy chico, una forma femenina de cuidarme cuando afuera no había cuidado. Tal vez eso no fue una elección, sino una respuesta emocional inteligente. O solo tal vez esa parte mía no apareció, sino que nunca se fue.
Con el tiempo, lo que fue refugio se volvió presencia. Lo que fue escondite se volvió casa, y hoy, cuando esa presencia se integra al cuerpo, a los gestos, a lo cotidiano, no se siente como una novedad. Se siente como una coherencia. A mi entender, La navaja de Ockham no invalida lo profundo. Solo quita lo innecesario. No niega lo simbólico, lo espiritual o lo transgeneracional. Pero me pregunta algo esencial ¿Necesito una explicación extraordinaria para justificar lo que siento o alcanza con aceptar que esto es, simplemente, verdadero?
Muchas chicas Cross me preguntan cómo logro ciertas posturas, el modo en que cruzar las piernas o simplemente movimientos o caminar con esa naturalidad que hace que me perciban simplemente, como una mujer. Me preguntan, donde aprendí, quién me enseñó. Y la respuesta las sorprende, nadie. No lo estudié. Simplemente "me sale" porque dejé de actuar.
Cuando dejás de forzar el personaje que el mundo exterior espera, lo que queda es tu esencia. Si tu alma es femenina, tu cuerpo simplemente recuerda cómo moverse. Las pestañas largas naturales, la piel que responde al cuidado, el movimiento natural de la cadera al caminar... no son un disfraz. Es la esencia tomando el control de la estructura.
No me mal interpreten, y no juzgo. Cada una lleva adelante su transición o se ve de la manera que quiere y es válido. Como siempre digo, lo importante es que una este conforme y se sienta bien con lo que ve en el espejo. Pero he visto a muchas caer en el error de pensar que la transición es una puesta en escena de excesos. Para mí, ser mujer no es un fetiche. Es algo mucho más profundo.
Es sentir que tu anatomía se redefine bajo tus propias reglas y sensaciones. He llegado a entender que mi cuerpo no está en conflicto; simplemente se ha reconfigurado para sentir, distinto. Lo que antes parecía una contradicción biológica, hoy es solo un detalle que ha cedido su protagonismo a una sensibilidad nueva y mucho más profunda.
Vivir "entre dos mundos" no es estar fragmentada. Es tener la madurez de integrar todo lo que somos. Jorge, es la estructura y el resguardo; Sabrina es la vida, la plenitud y la belleza que le da sentido a todo.
Como bien sugería Carl Jung, el objetivo no es imaginar figuras de luz, sino integrar nuestras propias polaridades para alcanzar la totalidad. Mi camino no es una huida, sino un retorno. Esta integración es mi proceso de individuación: Jorge y Sabrina no son enemigos, sino las dos caras de una misma moneda que hoy, finalmente, brilla con luz propia.
He dejado de buscar afuera lo que siempre estuvo
latente en mi interior, una esencia que no necesita etiquetas, sino simplemente
ser vivida con dignidad y orgullo. A veces, la verdad más profunda no es la más compleja.
Es la que, cuando la decís, te deja en silencio.
Sabrina
Lorena.


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