El abismo que heredamos

 

Es para pensarlo, me dijeron:

Si, y es una imagen que hace reflexionar mucho. Y creo que muchos atravesamos por esto, aunque no queramos reconocerlo. La frase no habla solamente de traumas o dolores familiares. Habla de algo más silencioso, de aquello que una persona decide no mirar dentro de sí mismo. 

Creemos que heredar es recibir algo material, un apellido, una historia o ciertos rasgos físicos, habilidades o de carácter. Pero también heredamos los silencios, los miedos y dolores que nadie quiso mirar. Heridas que aprendieron a esconderse tan bien y profundo que terminaron formando parte del paisaje familiar. 

Quizás lo más triste no es el dolor en sí. Quizás lo más triste es cuando una generación entera aprende que para sobrevivir en la vida, no deben decirse ciertas cosas; entonces ahí aparecen los secretos. Emociones reprimidas. Identidades escondidas. La sensibilidad negada. Lágrimas tragadas. Las partes nuestras que quedan viviendo escondidas en las sombras para no incomodar a nadie. 

La frase dice: “Quien huye de su propio abismo condena a su descendencia a perderse en él.” Y creo que habla justamente de eso, de que aquello que no miramos dentro nuestro no desaparece. Solo cambia de forma y a veces se transforma en rigidez. Otras veces en tristeza o también en silencios familiares que atraviesan generaciones enteras, sin que nadie entienda de dónde vienen. 

Pienso que por eso sanar no siempre significa olvidar. A veces sanar significa mirar. Mirar lo que dolió, lo que se ocultó como también lo que se negó y lo que durante años sentimos que no tenía permiso para existir. Quizás lo más valiente no sea ser fuertes y en realidad sea dejar de huir de uno mismo. Porque cuando finalmente alguien se anima a mirar su propia profundidad con honestidad, algo cambia. El dolor deja de gobernar desde las sombras, el silencio empieza a romperse y quienes vienen después ya no tienen que cargar exactamente con la misma oscuridad. 

No creo que hayamos venido a este mundo para ser perfectos. Pero creo que algunas personas llegan a un punto de su vida donde entienden que no pueden seguir viviendo divididas entre lo que sienten y lo que muestran. Y ahí creo que empieza el verdadero cambio. No cuando desaparece el miedo, sino cuando decidimos dejar de escondernos. 

Sabrina Lorena

Comentarios