La Arquitectura del Alma.

¿Qué sos?

¿Cuándo dejás de explicarte para los demás?

Esta mañana, mientras me cepillaba los dientes, me miré al espejo y me hice una pregunta que últimamente aparece seguido en los mensajes que recibo: ¿Qué sos? 

No vino como una curiosidad, vino cargado, como si detrás de esa pregunta hubiera una necesidad urgente de ubicarme en algún casillero, de traducirme a un lenguaje cómodo para los demás. Me quedé mirándome en silencio, sin apuro y la respuesta no llegó como una definición clara ni como una palabra cerrada, llegó como una sensación. 

No soy nada… y soy todo a la vez. 

Para el mundo soy un número, un documento, un cuerpo que pasa, una historia que no conocen; para mí en cambio, soy mi mundo. 

Hace un tiempo intento responder esa pregunta como se espera que una lo haga. Con explicaciones, con aclaraciones, con justificaciones. Como si mi existencia necesitara ser validada por la comprensión ajena, pero en ese momento hubo un cambió; tal vez el cansancio, el dolor o tal vez la honestidad que trae el dejar de sostener lo insostenible. 

Entiendo que la pregunta “¿qué sos?” muchas veces no busca conocer, sino ordenar. Calmar la incomodidad que genera lo que no entra en categorías conocidas. Y yo ya no tengo ganas de achicarme para encajar en palabras que no me contienen. No soy una etiqueta no soy una versión fija tampoco una respuesta simple. Soy proceso y contradicción, soy una historia, lo que fui lo que estoy siendo y lo que todavía no sé qué seré. 

Mirarme al espejo esta mañana no fue un acto de vanidad, fue un acto de reconocimiento. Verme sin intentar corregirme o preguntarme si estoy bien para otros. Sin medir si resulto aceptable, y en esa mirada apareció algo nuevo, una silenciosa calma con la certeza de que no tengo que explicarme para existir. 

Para el mundo puedo ser una incógnita. Para mí soy hogar, y quizás de eso se trate crecer. No de responder mejor las preguntas ajenas, sino de animarse a habitar las propias sin apuro, sin miedo, sin pedir permiso. 

Aceptar que no siempre vamos a tener una definición clara, y que está bien. Que no ser “algo” para los demás no nos vuelve menos reales. Al contrario, nos vuelve libres, porque cuando una deja de preguntarse qué es para los otros, empieza por fin, a ser para sí misma. 

Sabrina Lorena

Mi espacio

Comentarios

Publicar un comentario