La Arquitectura del Alma.

Nochebuena

 

Hay noches que piden sonrisas, aunque el cuerpo esté cansado de sostenerlas. Nochebuena es una de ellas.
 
La mesa está puesta, las luces encendidas, los mensajes empiezan a llegar como si todo debiera estar bien solo porque el calendario lo indica. Y una hace lo que puede; se peina, se sienta, brinda. Acompaña. Aunque por dentro no siempre se reconozca entera.
 
Este año aprendí que se puede compartir sin estar completa. Que se puede amar sin saber exactamente desde dónde. Que se puede estar presente aun cuando una parte de mí sigue en proceso de despedida.
 
No voy a pasar esta noche sola. Cenaré con mi hija y su mamá, y eso importa. Importa el vínculo, la historia compartida, lo que aún nos une más allá de las formas que cambiaron. Pero también es verdad que algo se transformó, y negarlo sería traicionarme.
 
Hay personas que hoy brindan con el corazón liviano, y otras que brindan con una nostalgia silenciosa, con una sonrisa aprendida, con una fuerza que nadie ve. Si sos de estas últimas, quiero decirte algo: no estás fallando. Estás atravesando.
 
No todo duelo se llora en soledad, algunos se sientan a la mesa, cortan el pan, escuchan risas, y aun así siguen ahí, pidiendo espacio. Fingir que no existen no los hace desaparecer. Mirarlos con honestidad, sí los vuelve más humanos.
 
Esta noche no quiero exigirme estar bien. Quiero permitirme estar como estoy. Agradecida por lo que permanece. Dolida por lo que ya no es. Abierta a lo que todavía no entiendo. Tal vez de eso se trate crecer, de dejar de actuar para los demás y empezar a ser amable con una misma. Incluso, y, sobre todo, en fechas donde el mundo parece exigir felicidad obligatoria.
 
Si esta Nochebuena te encuentra cansada, sensible, distinta está bien; no tenés que demostrar nada. Alcanza con estar. Con respirar y no abandonarte. Yo, al menos, elijo eso.
 
Feliz Noche Buena para todos
 
Sabrina Lorena.

Comentarios