Entre Madera, Código y Páginas
Últimamente pienso mucho en las huellas que dejamos. Como alguien que ha pasado gran parte de su vida construyendo estructuras, entiendo el valor de lo sólido. Sé lo que pesa un ladrillo lo que cuesta moldear la madera, la precisión de un lenguaje de programación y la lógica necesaria para que un sistema, o una casa, funcionen a la perfección. He levantado techos para proteger a quienes amo y he diseñado redes para conectar mundos. Pero últimamente, he descubierto una forma de construcción mucho más persistente que el cemento la madera o el silicio, y es la palabra.
Como escribí en el post anterior, para el mundo exterior muchas veces soy solo un número, un técnico que resuelve, alguien que pasa. Pero en mi mundo, soy Sabrina. Y esa Sabrina, que durante tanto tiempo habitó solo en el refugio de mis sueños; sueños de los cuales ya he escrito. un sueño donde me encontraba caminando por la bruma de calles muy semejantes a las de Brooklyn, o donde me vi mirándome en el espejo de una laguna cristalina. esos textos como tantos que escribí han encontrado ahora, una forma de inmortalidad que nunca imaginé.
A través de la mirada de Ester Álvarez Guillén, mi historia dejó de ser un secreto compartido con mi reflejo para transformarse en literatura. En su libro, "Elisa y el diario secreto", hay fragmentos de mi esencia que ya no dependen de mi cuerpo físico. Si mañana las cabañas que construí cedieran ante el tiempo, o si los servidores borraran mi código, y sobre todo, todo lo que he escrito y compartido en estos años, Sabrina seguiría existiendo allí, entre páginas que Ester ha sabido hilar y cuidar muy bien.
Es una sensación extraña y a la vez maravillosa. Es como la biblioteca que imaginó H.G. Wells en "La máquina del tiempo" una cápsula de verdad guardada para quien necesite encontrarla en el futuro.
Mirando por la gran ventana que da a la galería, entiendo que mi vida no es una elección entre el martillo y el teclado, entre la estructura o el sentimiento. Soy ambas cosas. Soy la fuerza que levanta una casa, la mente que traduce algoritmos y la delicadeza que delinea una mirada. Soy el ermitaño que disfruta del silencio en su galería noreste y la mujer que se permite llorar al reconocerse.
Escribo esto para quienes todavía sienten que su verdad es una carga cuando no es así, sino que son su obra, su obra maestra. Sean fieles a lo que sienten, porque al final del día, cuando la luna llena ilumine su propia galería, lo único que quedará será la paz de haber sido auténticos.
Sabrina ya no es una utopía. Sabrina es, y será, para siempre.
Sabrina
Lorena.
Mi esencia dejó de ser un secreto para
transformarse en literatura. Descubrí a Sabrina entre estas páginas. "Elisa y el Diario Ssecreto"

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