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Reflexión en el día de mi cumpleaños.
16 de noviembre:
Es medianoche. Mi cumpleaños empieza y por primera vez
en muchos años, la casa está en silencio. Un silencio que no hiere… pero pesa.
Un silencio que recuerda ausencias: las de mis seres queridos que ya no están,
las de una familia que cambió de forma, las de un hogar que ya no comparto. Y
aun así, también descubro que este silencio me habla. Me dice que no estoy
sola: solo estoy en transición.
Porque a pesar de todo, seguimos siendo familia. Con
mi ex nos une un vínculo distinto, más sereno, más consciente. Con mi hija
tengo mi raíz, mi horizonte, mi certeza de que todo vale la pena. También tengo
a mi amiga Ester, que llegó como llegan las almas que uno necesita, sin aviso,
con luz. Y Sabrina… Sabrina soy yo. Mi voz, mi verdad, mi identidad que ya no
se esconde.
A mis 49 años me encuentro reconstruyéndome. Un poco
cansada, un poco vulnerable, sí, pero también más auténtica que nunca. Hoy no
celebro un cumpleaños más. Hoy celebro haber sobrevivido a mí misma, haberme
sostenido en los días en que no podía, haber encontrado una voz que antes
callaba.
Este es mi regalo para mí: Recordar que no estoy
perdida que estoy creciendo. Que no estoy sola, estoy cambiando. Que lo que
parecía un final, era solo un nuevo comienzo. Hoy empiezo un año distinto. Más
real, más tierno, más mío.
Feliz cumpleaños, Sabrina.
Bienvenida a tu nueva vida.
— Sabrina Lorena
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