Hay verdades que no se descubren… se recuerdan.

Palabras que nos habitan parte 2:

 

"Silencio"

En la primera parte de este “Palabras que nos habitan” escribí con respecto a la soledad, de cómo a veces se vuelve presencia, aunque pese. Hoy continuo con esa reflexión, con otra palabra que la acompaña de cerca, el silencio. ¿Por qué? Porque cuando la soledad se instala, es en el silencio donde muchas veces encontramos las respuestas. No es un vacío, es un espacio. Un terreno donde la ausencia se convierte en escucha, donde lo que parecía dolor se empieza a ordenar. Así entendí que soledad y silencio no son enemigas, son maestras, distintas pero inseparables.

 

No hace mucho mi amiga me compartió una frase “Los demás forman parte del camino, pero quien camina eres tú.” Y esa frase me hizo reflexionar y comprendí en lo que siempre me transmitió el silencio. Porque, aunque estemos rodeadas de voces, de consejos, de abrazos y hasta de gritos, las decisiones verdaderas, las que nos marcan, se toman en soledad y en silencio.

 

Entendí que el silencio no siempre es ausencia. A veces es refugio, se torna a veces en ese espacio donde por fin, uno puede escucharse sin interrupciones. Donde la mente deja de girar en torno a lo que esperan de nosotros y entonces allí puedo preguntarme ¿qué quiero yo?

Ya con mis 48 años aprendí a no temerle. De chica me dolía, me hacía sentir invisible. Era como un hueco que nadie ni nada podían llenar. Pero con el devenir de las décadas me di cuenta que el silencio también ordena, que es una especie de espejo sin palabras donde una puede ver lo que el ruido oculta.

 

No siempre es fácil habitarlo. Porque en el silencio también aparecen los fantasmas, los miedos, las dudas, los recuerdos, las cosas no dichas. Pero también ahí, en ese espacio donde nos encontramos desnudas se encienden las certezas, y descubrís que el silencio no te aísla, te devuelve a vos misma.

 

Con mis años, que son muchos, pero tan pocos tampoco lo son, y mi camino recorrido, lo abrazo distinto. Ya no como vacío, sino como compañía. Es el lugar donde mis pensamientos se vuelven claros, donde hablo con ella – aunque parezca loca - donde mis heridas se nombran y donde mis deseos se animan a aparecer. El silencio me enseñó que no siempre hace falta una voz para tener presencia. A veces basta con estar. Con sostenerse. Con escucharse de verdad.

Porque sí, los demás pueden caminar al lado, pero el verdadero paso, ese que te define, lo das vos. En silencio.

 

Hoy comprendo que el silencio no me deja sola, sino que me devuelve a mí misma. Es un puente invisible que une lo que callo con lo que soy, lo que me duele con lo que me sostiene.

Y quizás de eso se trate este camino, de ir habitando cada palabra hasta descubrir que ninguna está aislada, que todas se mueven y dialogan entre sí. La soledad me enseñó a sostenerme. El silencio me enseñó a escucharme. Y sé que la próxima palabra también traerá su propia revelación… porque en este viaje, cada término es un espejo donde seguimos aprendiendo a existir.

 

Sabrina Lorena.

Comentarios

  1. Es realmente hermoso lo que escribís , te toca el alma , te hace sentir un ser humano , gracias ,, muchas gracias ,, soy luna

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