Hay verdades que no se descubren… se recuerdan.

"Explorando el CrossDressing a través de las palabras de Ester Álvarez Guillén"

Compartiendo emociones: 

Quiero compartir aquí, estos textos que leí y a los cuales sigo desde hace tiempo. Estos textos escritos por la Sexóloga Ester Álvarez Guillen, provocaron que algo en mí se abriera. Como si alguien, por fin, estuviera nombrando en voz alta lo que tantas veces yo había vivido en silencio. Cada palabra que ella escribió me tocó de cerca, no solo por la claridad con la que explica el crossdressing, sino por la delicadeza con la que lo humaniza. Por eso sentí la necesidad de compartirlo acá, en mi espacio, como parte de mi historia también. 

Porque aunque las palabras no hayan salido de mí, muchas de las emociones que describe... sí.


PRACTICAR CROSSDRESSING, SER CROSSDRESSER

Por: Ester Álvarez Guillén 

Cuanto más investigas en temas de sexo y género más dudas te planteas, y te das cuenta de lo complicado que es encasillar a las personas en ciertos términos que difícilmente pueden representar la infinita diversidad humana. Pero estos términos existen y a veces son necesarios para visibilizar otros mundos posibles de vivir nuestra sexualidad, nuestros cuerpos, nuestra identidad. 

Uno de estos conceptos, bastante desconocido, es el de una práctica llamada cross-dressing (que a menudo se abrevia como CD), fruto de la unión de “cross” (cruzar, pasar, atravesar) con “dress” (vestido, ropa). Consiste en el hecho de travestirse o adoptar la indumentaria propia del otro género en determinados momentos, generalmente de intimidad, y por diversión o disfrute sexual. De manera que la persona que lleva a cabo esta práctica se denomina como crossdresser. Sin embargo, esta definición puede tener muchas variantes ya que se trata de una experiencia personal, no todos lo hacen por el mismo motivo ni lo viven igual. A menudo en el mundo del crossdressing se suele hablar de hombres heterosexuales, pero no es una práctica exclusiva de hombres y no tiene nada que ver con la orientación sexual de la persona. 

El objeto del CD también parece diferir de unas personas a otras, mientras algunos hombres hablan de diversión o disfrute de su parte femenina, otras personas hablan de fantasía o excitación sexual (fetichismo travestista). Otros parecen querer explorar su feminidad a través de esta práctica, liberar su lado femenino, o sirve como válvula de escape a la actitud de macho. 

Aunque el CD implica travestirse, es decir, adoptar vestimentas del otro género, no significa que sean travestis. A estos hombres no les gustaría estar 24 horas vestidos de mujer, ni adoptan el rol social de mujer en su día a día (la identificación con el otro género es sólo mientras dura la experiencia de travestismo). Tampoco se sienten en un cuerpo equivocado como en el caso de la transexualidad, no quieren cambiar de sexo ni se hacen cirugías. Para entenderlo mejor quizá podríamos compararlo con una escala de grado de identificación con el género contrario, donde el CD sería algo únicamente puntual, el travestismo más permanente, y la transexualidad implicaría también la necesidad de cambiar de sexo. 

Como una variante del CD se encuentran los transformistas que serían aquellas personas que realizan representaciones artísticas de transformismo, como las dragqueens o los dragkings. Actualmente existen numerosas páginas web y blogs sobre este tema, además hay empresas que ofrecen servicio de crossdressing por unas horas, poniendo a disposición vestuario, maquillaje, etc. y hasta se llevan a cabo reuniones de este tipo. 

Es importante, destacar que debido al enorme desconocimiento y la cantidad de prejuicios sociales que engloban estas prácticas (derivados de una cultura restrictiva en cuanto a las normas de género) muchas personas pueden vivir con sentimientos de culpabilidad y vergüenza, incapaces de dar rienda suelta a su curiosidad por lo femenino o masculino (una curiosidad natural que a menudo surge en la infancia pero es castigada socialmente) o si se permiten explorar ese aspecto, lo llevan a cabo en la más absoluta soledad y anonimato. Algunos hombres parece que como mucho se animan a compartirlo con sus esposas u otros crossdressers. 

Debemos aceptar que como parte de la diversidad sexual existen una gran variedad de conductas y

experiencias singulares de vivir el género, y que todas son igual de respetables. Resulta curioso pensar que vestirse de mujer para salir al carnaval no está mal visto, muchos hombres recurren a ese disfraz, sin embargo ¿por qué no es igualmente aceptable hacerlo en la intimidad?, ¿por qué los tacones y el pintarse las uñas y los labios es sólo para mujeres? la respuesta es clara: vivimos en una sociedad que se empeña en imponernos sus normas de género y quien se sale de eso es catalogado de enfermo, marica, raro... Sin embargo, ¡que interesante sería que todas las personas experimentaran al menos por una vez el ponerse en el otro lado!, mirarse al espejo y poder ver la parte masculina o femenina (oculta y reprimida) que todo el mundo tiene y que no convierte en menos hombre o mujer.

 

Hombres con braguitas

Por: Ester Álvarez Guillén 

Nunca imaginé que escribir sobre hombres que practican cross-dressing (CD), daría lugar a tantos comentarios ni que decenas de ellos me escribirían, e incluso algunas de sus esposas. Parece que el tema interesa, que es una práctica más común de lo que la gente piensa y, sobre todo, que causa preocupación y sentimientos de culpabilidad por el tabú que supone. 

A quienes practican cross-dressing les gusta vestirse con ropa del sexo opuesto. Aunque se dice que también existen mujeres que practican CD, aparentemente no es tan habitual o quizá es tan cotidiano que pasa desapercibido, ya que las normas sociales no son tan rígidas en cuanto a que las mujeres usen ropa considerada masculina. Sea como sea, aquí voy a hablar únicamente de hombres, no por hacer de menos a las mujeres, sino porque aún no he tenido el placer de conocer a ninguna mujer que lleve a cabo esta práctica de un modo similar al de ellos. 

He comprobado que estos hombres suelen escoger un nombre femenino para identificarse cuando adoptan el rol de mujer al travestirse, y también que se refieren a sí mismos siempre en femenino cuando hablan de esta práctica. Yo voy a hablar en masculino todo el tiempo para no confundir más las cosas. 

Ser cross-dresser es difícil de definir y eso queda patente en las diferentes historias que ellos mismos me han ido contando. Generalmente comenzaron desde pequeños poniéndose a escondidas la ropa de su madre o su hermana. Después, siendo adultos, pasaron a usar lencería de sus esposas en la intimidad. Algunos dan el paso de comprarse braguitas y pantys o incluso vestidos, pelucas, tacones y otros complementos. Parece que, para estos hombres, verse ante el espejo a solas como si fueran mujeres, les resulta muy excitante y les produce un enorme placer sexual. 

Algunos lo llevan totalmente en secreto, otros lo comparten con su pareja. Hay los que contactan con otros CD y se reúnen e incluso salen arreglados completamente como mujeres. 

El cross-dressing se da tanto en hombres como en mujeres. En cuanto a la orientación sexual, existe de todo también. Algunos dicen que no sienten ningún tipo de atracción por otros hombres, hay quien afirma ser heterosexual, pero sentir gran deseo de tener relaciones sexuales con un hombre que le haga sentirse mujer, otros disfrutan plenamente de adoptar un papel (supuestamente) femenino en la cama, y alguno se define como bisexual. 

Parece que el punto común de todas estas historias, se encuentra en el hecho de disfrutar adoptando un rol femenino a través de ropas y complementos considerados de mujeres.En contra de lo que pueda parecer, muchos de estos hombres afirman llevar una vida social de lo más cotidiana, donde ejercen un papel que ellos denominan como totalmente masculino. Algunos dicen necesitar del CD para huir de ese rol en el que a diario se les exige comportarse como manda el estereotipo de macho: con agresividad, dando órdenes en el trabajo, asumiendo un papel activo… De manera que vestirse de mujer les da libertad para explorar su feminidad, o, mejor dicho, aquellas características de la personalidad que se asumen como femeninas (dulzura, delicadeza, coquetería…). Y es aquí donde yo me pregunto si simplemente se trata de dar rienda suelta a aspectos de su personalidad, que no han podido desarrollar, porque los estereotipos de género marcan lo que se espera de las mujeres y lo que se espera de los hombres, y eso nos lo va enseñando esta sociedad desde que nacemos. 

Como decía, los hombres que practican CD suelen presentar muchos sentimientos de culpabilidad, vergüenza, temor a ser descubiertos, y gran malestar. Generalmente intentan deshacerse de la ropa que van acumulando, pero vuelven a caer con el tiempo. 

Algunos cross-dressers disfrutan saliendo a la calle vestidos de mujer y pasando inadvertidos. Por otro lado, si están casados se les plantea el dilema de decírselo a sus esposas. Esto puede dar lugar a muy diferentes resultados. Dado el tabú que supone, es difícil que en un primer momento ella pueda entenderlo. Cuando alguno de estos hombres me pregunta cómo decírselo a su mujer yo suelo decirles que deben tener paciencia, es importante que les ofrezcan información adecuada sobre el tema para que puedan ir deshaciéndose, poco a poco, de ideas preconcebidas equivocadas.  Por ejemplo, algunos temen que su mujer piense que es homosexual. Otros en cambio me cuentan que su pareja se lo tomó muy bien, que lo acepta y puede compartirlo con ella sin problema. Aunque esto es complicado ya que depende mucho de cada persona, y de la propia relación de pareja, pero sobre todo porque existen muchos prejuicios. Suelo decirles que cuando hay amor, información y paciencia, todo es posible. 

Muchos me han contado sobre su afición a hacerse fotos con ropa íntima femenina, o sus temores a la hora de salir de compras, su inmenso placer a que otros hombres los vean como mujeres, su deleite en cada detalle cuando se arreglan. Algunos disfrutan enormemente saliendo a la calle vestidos de mujer y pasando inadvertidos, yendo a discotecas, bares, o saliendo de compras solos o acompañados por otros CD. 

Como veréis existe una enorme diversidad en todos los aspectos del ser humano, y aunque a veces no es fácil llegar a comprender lo que no vivimos en nuestras propias carnes, todas las personas merecen respeto por igual para vivir su sexualidad y su género con libertad. 

Yo me quedo con una frase que me dijo uno de mis CD: “qué bueno sería que no existieran fronteras entre lo masculino y lo femenino”. Y añado: qué bueno sería que simplemente no existiera lo masculino y lo femenino y que todas las personas pudiéramos vivirnos sin limitaciones. Pero entonces me planteo lo que otro de mis CD me decía sobre lo importante que era para él transgredir la norma social, el morbo y placer que le supone esto. Y en ese punto me pregunto si al evolucionar la sociedad, dejaría de ser tan excitante esta práctica para muchos de ellos. ¿Los liberaría de la culpa o acabaría con la diversión? 

 

EL OTRO LADO DEL CROSSDRESSING

Por: Ester Álvarez Guillén y Zoraida Granados 

Hace unos años que comencé a investigar sobre la práctica del crossdressing y desde entonces he recibido muchas historias sobre ello, contadas por sus propios protagonistas, que me han ayudado a entender cómo se vive. 

También me han contactado bastantes esposas o parejas de hombres que practican crossdressing. Por ello cuando Zoraida Granados me propuso aunar nuestras experiencias profesionales en este ámbito para escribir un artículo, pensé que sería interesante hacerlo desde el otro lado: el de las esposas. 

Si bien, muchas de ellas desconocen que sus maridos se visten con ropas femeninas en la intimidad, algunas lo sospechan, lo descubren o incluso les ha sido revelado por ellos directamente. 

Las reacciones de ellas pueden ser muy variadas. Algunas se lo toman como un juego y aceptan que su pareja realice esta práctica, pero ponen sus normas y límites. Sin embargo, en un principio muchas pueden mostrarse reacias a aceptarlo. 

Debido a los prejuicios que poseen, la mayoría se suelen sentir preocupadas, temerosas, llenas de dudas ("¿será que mi marido es homosexual?", "¿está enfermo?"...). 

Todo esto es normal, al fin y al cabo, nos educan en una sociedad donde los estereotipos y roles de género entre lo masculino y lo femenino están muy diferenciados. De manera que el hecho de que un hombre se vista de mujer, solo está bien visto en los carnavales. 

Por lo general, ellas quieren entender a sus parejas, pero les cuesta mucho librarse de todos esos tabúes y prejuicios. Las hay que piensan que han perdido a "su macho", a "su hombre", lo niegan y lo rechazan por completo. 

Sin embargo, bastantes mujeres, parece que logran vencer el tabú e incluso llegan a disfrutar acompañando a sus maridos en esta experiencia. Pueden salir de compras con ellos y ayudarlos a elegir prendas femeninas, incluso disfrutan de las relaciones sexuales llevando a cabo esta práctica y comparten sus prendas de lencería con ellos. 

Otras intentan sobrellevarlo, pero no lo consiguen y un día deciden que no quieren seguir formando parte de ello (aunque respeten que su pareja practique el crossdressing no significa que les guste). 

Creo que no todas las mujeres pueden ni saben iniciar un camino de crecimiento, junto a su marido, en el mundo del crossdressing. Para ello, ante todo, es imprescindible ser valiente, estar dispuesta a librarse de prejuicios y amar mucho al compañero. Pero incluso con todos esos factores de predisposición, a veces no es suficiente. Algunas parejas precisan ir a terapia para aprender a afrontar las desavenencias que puedan surgir en ese camino. 

Lo que desprenden las historias de estas mujeres, es que, si bien el hombre crossdresser no lo tiene nada fácil para aceptarse, en el otro lado, sus parejas también se encuentran con muchas dificultades emocionales derivadas del tabú social que supone esta práctica.

 

- EXPERIENCIAS Y CONTEXTOS DE CROSSDRESSING (Zoraida Granados, Gabinete de Psicología coNpasión) 

Como bien ha comentado y explicado mi compañera Ester Álvarez G., normalmente en consulta nos encontramos que solo acude la personas que practica crossdressing, debido a miedos relacionados con ser descubierto, qué pensará mi pareja, o si se entera mi familia y amigos, no saber si contárselo a la pareja o no, cómo contárselo, pero, sobre todo, miedo a que lo encasillen con una orientación sexual y/o prácticas sexuales que no le definen. 

En mi experiencia profesional, he tenido varios casos muy diferenciados en unos aspectos, mientras que la práctica de crossdressing y sus características eran muy similares. Es por ello que hemos considerado tanto Ester como yo abordar el tema desde la experiencia, el contexto y la visión de la pareja. Pero antes unos datos de los hombres. 

HOMBRE 1: 38 años, con pareja estable desde hace 5 años, con planes de boda y desea contárselo a su pareja. El motivo por el que acude a consulta es debido al miedo y vergüenza de que su pareja se entere de que practica crossdressing y sus posibles reacciones como: que no lo entienda, que no desee proseguir con la relación. Desea poder contárselo a su pareja ya que no le gusta mentir cuando se va a supuestas reuniones laborales en otra ciudad. 

MUJER 1: 36 años, reside en una ciudad y acude tras primera sesión con su pareja. Desconoce el motivo por el que acude a la psicóloga ya que considera que tienen una excelente relación, se muestra muy colaborativa con todo el proceso en caso de ser necesarios su implicación y apoyo. Cuando la pareja le explica que practica el crossdressing, lo define, le explica lo que siente al usar ropa femenina, así como el tipo de relación que mantienen con ella y lo mucho que significa para él. La mujer pasa de la sorpresa a la comprensión a medida que le relata las peripecias que debe realizar para ir a una ciudad desconocida, donde es una persona más sin miedo a ser como en ocasiones le gusta ser. 

La sesión se centra en aspectos como: liberar y expresar emociones, miedos, información sobre crossdressing, ideas relacionadas con la práctica y la orientación o prácticas sexuales y cómo pueden incluir juegos en la relación de pareja para satisfacer a ambos.

Actualmente la pareja ya está casada con don hijas y el crossdressing es una práctica habitual en la intimidad y prácticas de la pareja al incluirla como algo novedoso y excitante para ambos. 

HOMBRE 2: 36 años, de una aldea, sin pareja en el momento de acudir a consulta. Pero hay una chica que ha conocido en los viajes que realiza para practicar crossdressing que se muestra abierta. “No lo censura, sino que le parece curioso y excitante”. Debido al lugar de residencia jamás se le ha ocurrido comentarlo o decirlo a algún familiar o conocido. “Porque es gente de pueblo muy cerrada y se reiría, me ridiculizaría o me haría pasar vergüenza”. 

MUJER 2: 36 años de una gran ciudad, muy abierta en cuanto a ayudar, apoyar e incluso probar una relación más “divertida que la de ahora”.

Actualmente, viven como pareja y el hombre ha trasladado su lugar de residencia. 

Estas expresiones y contextos de la práctica de Crossdressing nos hacen pensar que la clave, en toda relación de pareja ya consolidada o de reciente inicio, es la comunicación. Ya que, si nuestra pareja no conoce ciertos aspectos de nuestra vida, ya sea pasada o actual, se genera un espacio secreto, de incomprensión que dificulta la relación y compartir las experiencias para crear vínculo de unión y no de separación. Entonces, ¿por qué no lo aplicamos en temas relacionados con la sexualidad? Educación, respeto y comunicación, son las claves.


ENLACES:

"PRACTICAR CROSSDRESSING, SER CROSSDRESSER"

"Hombres con braguitas"

"EL OTRO LADO DEL CROSSDRESSING"

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