Habitarse.

“Hasta que hagas consciente lo inconsciente, dirigirá tu vida y lo llamarás destino.” 

Hace unos días atrás me encontré con una persona que hacía mucho tiempo no veía. Me dijo que dudó antes de hablarme, porque me notaba muy diferente, sobre todo por el pelo. Siempre llevé el cabello muy corto y rasgos masculinos marcados a simple vista, por eso al verme después de tanto tiempo dudó si era yo en realidad. Después de hablar un rato largo y de ponernos al día, me puse a reflexionar mientras volvía a mi casa. 

Creí que durante mucho tiempo mi búsqueda consistía en parecerme a una mujer. Pensaba en la ropa, en el cabello, en el maquillaje. En cómo caminar, cómo hablar o qué cambiar de mi cuerpo. Creía que el objetivo estaba puesto ahí, en alcanzar una imagen que existía en mi cabeza. 

El tiempo me hizo ver que estaba mirando en la dirección equivocada. Que no buscaba convertirme en otra persona, sino que buscaba reconocerme. Y ahí creo que está la diferencia entre esas dos cosas. Por años imaginé una versión ideal de mí. Una imagen perfecta, si se quiere, casi imposible, construida con deseos, miedos y comparaciones. Pero siempre parecía faltarme algo para llegar a ella; hasta que un día ocurrió algo muy simple. Me vi. No como una fantasía, no como una versión perfecta. Me vi a mí. Con mis rasgos, con mi historia, con las marcas del tiempo, mis contradicciones y con la parte masculina que también forma parte de quien soy, y con la femenina que durante tantos años esperó su lugar. 

Entonces, cuando volvía manejando, comprendí que no necesitaba parecerme a nadie, y que solo necesitaba dejar de esconderme. Curiosamente, el cambio empezó a notarse también por fuera. Ya no elegía la ropa para demostrar algo, sino que la elegía porque me representaba. También descubrí que no necesitaba exagerar la feminidad para sentirme mujer, ni ocultar todo lo masculino para sentirme auténtica. Encontré un equilibrio; no uno perfecto, sino uno verdadero. 

Y, sin darme cuenta, había comenzado a habitarme todos los días. En lo simple, en un poco de maquillaje antes de salir, en un labial apenas rosado, en unos aros discretos, en un saco que siento mío. También en las prótesis que algunos días elijo usar y otros no; depende. No porque no me hagan sentir bien, al contrario. Sino porque descubrí que ninguna de esas cosas cambia la ecuación. No son ellas las que me convierten en quien soy, solo acompañan a la persona que finalmente dejó de esconderse. Y quizás lo más curioso es que, cuando una empieza a habitarse, también comienza a ser percibida de otra manera. 

Hace poco alguien que leyó algunas de mis publicaciones y vio mis fotos actuales me dijo algo que se quedó conmigo; que en esas fotos “exhalaba feminidad” y que se veía de un vistazo. No sabía muy bien por qué esa frase me había tocado tanto hasta que lo pensé un poco más. Creo que era una respuesta que estaba esperando sin saber que estaba esperando. No porque necesitara que alguien confirmara que me veo femenina. Tampoco porque busque una feminidad absoluta. Ya no estoy intentando convertirme en una mujer de una imagen que alguna vez construí en mi cabeza. Mi cuerpo, mis rasgos, mi historia y también mi parte masculina forman parte de mí. Lo que busco es poder reconocerme en el conjunto. 

Quizás eso era lo que estaba empezando a cambiar. No solamente la manera en que me veo, sino la manera en que los demás comienzan a verme. La primera persona dudó si era yo. Otra persona, sin conocer toda mi historia, vio feminidad. Y entre esas dos miradas encontré algo que no estaba buscando; la confirmación de que aquello que durante tantos años sentí solamente por dentro, poco a poco también empieza a hacerse visible por fuera. 

Quizás eso sea la libertad. No llamar la atención, no gritar, no intentar demostrar nada. Simplemente hacer presencia. Habitar la propia vida con la tranquilidad de saber quién una es, incluso cuando el mundo no conoce toda la historia. Si durante muchos años busqué parecerme a la mujer que imaginaba, hoy solo quiero parecerme a la mujer que ya soy.

 

Sabrina Lorena

 

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