A veces,
la verdad no siempre llega como un golpe. A veces llega en silencio, en una
sobremesa cualquiera.
Sábado,
casi tres de la tarde. Termine de almorzar sola, como tantas otras veces. Sin
apuro. Sin ruido. La casa está en silencio y el sol entra por la ventana,
cayendo justo sobre la mesa. Me quedé un rato más ahí, sin levantarme, mirando
cómo la luz se apoya sobre las cosas.
Y en ese
silencio, y haciendo scroll en el celu leí una nota de Camila Sosa Villada. Una
de esas frases que no hacen ruido, pero se quedan. Ella decía que, con los
años, dejó de ser travesti. No lo leí como una negación. Lo leí como alguien
que ya no necesita explicarse. Y me quedé pensando. No en ella, sino en mí. En
todo este camino que vengo haciendo. En esta forma de habitarme que no empezó
hace poco, pero, que recién ahora tiene espacio.
Porque si
soy sincera, yo no siento que esté “dejando de ser” algo. Tampoco siento que
esté “convirtiéndome” en otra persona. Lo que siento es más simple y más
difícil de decir. Estoy dejando de dividirme. Durante muchos años hubo partes
mías que no podían convivir. Uno sostenía mientras que la otra sentía. Uno respondía al mundo mientras que
la otra esperaba en silencio. Hoy ya no están separadas.
Jorge no
desaparece y nunca podría. Fue quien me sostuvo cuando no podía ser otra cosa. Fue quien hizo lo que había que hacer cuando no había lugar para dudar. Pero esta
energía femenina siempre estuvo. No apareció de la noche a la mañana ni fue una
invención pasajera o de moda. Primero fue mi refugio, después fue presencia.
Hoy es coherencia.
Y a veces
pienso si en algún momento voy a tener que elegir. No entre lo masculino o lo
femenino eso ya no es una discusión interna. Sino entre seguir sosteniendo esta
dualidad en silencio o alinear completamente todo también hacia afuera. Y la
respuesta, aunque no la diga en voz alta, ya la conozco.
No es una
urgencia tampoco una presión. Es algo que se va acomodando solo. Como esta luz
que entra por la ventana sin pedir permiso. No empuja, pero avanza igual. Quizás,
cuando llegue ese momento, no sea una decisión dramática. Quizás no haya un
quiebre. Quizás
solo sea dar un paso más hacia un lugar donde, en realidad, ya estoy.
Porque al
final, no se trata de dejar de ser Jorge ni de empezar a ser Sabrina. Se trata
de dejar de vivirlos por separado. Y tal vez, solo tal vez, lo que dijo Camila
no era una despedida sino era otra forma de decir “ya no necesito explicarme
para existir.”
Sabrina
Lorena.
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